Técnicamente, se denominan ferrofluidos a una clase especial de líquidos capaces de polarizarse en presencia de un campo magnético. En general, los ferrofluidos están compuestos por pequeñísimas partículas ferromagnéticas suspendidas en un fluido que hace las veces de soporte. Este líquido puede ser alguna clase de solvente orgánico o simplemente agua del grifo. Pero lo verdaderamente importante en un ferrofluido son las nanopartículas ferromagnéticas que se encuentran en suspensión, ya que deben estar recubiertas por un surfactante (un agente capaz de disminuir la tensión superficial de un liquido) para evitar su aglomeración cuando el ferrofluido se somete a las fuerzas magnéticas externas.
Las nanopartículas están compuestas principalmente por magnetita o hematita (o alguna otra sustancia ferrosa), y tienen un tamaño promedio en torno a los 10 nanómetros, esto es, 10 milmillonésimas partes de un metro. La agitación térmica basta para que se distribuyan de forma uniforme en el seno del fluido, de la misma manera lo hacen los iones en una solución salina acuosa paramagnética.
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